Flat design

El denominado “flat design” es una corriente convertida en tendencia con el diseño de páginas web, apps o interfaces, siendo el lanzamiento del sistema iOS7 una especie de “oficialización” por parte de Apple. Sin embargo, pese a que la compañía de la manzana ha sido referencia en este campo durante muchos años, fueron Microsoft y Google los pioneros; los primeros con el lanzamiento del Windows 8 y sobre todo Google, que siempre apostó por diseños limpios y claros en sus aplicaciones.

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La imagen y concepto de Apple

En mi opinión un logotipo siempre ha representado la esencia del diseño y la creatividad.

Se trata de sintetizar, en apenas un golpe de vista, aquello que deseas reflejar en favor de tu empresa, proyecto, movimiento o simple idea. Qué tipo de identidad crees debe tener en el mundo, qué tipo de sensaciones deseas inculcar a los receptores, sean clientes o no, e incluso cómo deseas ser recordado podrían quedar resueltas para bien o mal en unos segundos, los que tardamos en ver una identidad corporativa.

En multitud de ocasiones todo comienza con un error de base, con un trabajo poco o mal planteado y no precisamente con la figura del diseñador en el origen. Si tu empresa tiene un nombre poco acertado, fruto de la egolatría de un apellido familiar, puedes esperar un buen trabajo en la imagen de marca pero quizás no un brillante trabajo, uno realmente creativo fruto de un no menos brillante concepto. Así pues la imagen en sí no lo es todo, sino la parte final del proceso creativo.

Cuando uno piensa en la manzana de Apple, alguien podría pensar en chips, circuitos o sistemas operativos basados en UNIX; es decir, industria tecnológica pura y dura, sin embargo piensa en diseño, sencillez o modernidad. Por ello la manzana mordida es en esencia uno de mis logotipos favoritos, pues basado en un arquetipo juedo-cristiano, como es el pecado original, Apple desarrolló una marca alineada con su espíritu comercial: arte con un corazón tecnológico.

Por tanto no sería casual el eslogan “Think different” o aquella mítica campaña publicitaria de Apple inspirada en la novela “1984” de George Orwell, todas beben de la idea inicial, la manzana.

Debemos tener presente que Jobs tuvo como fijación antagonista a IBM, la todopoderosa IBM que controlaba el mercado, no solo en el aspecto industrial y mercantil, sino en la concepción misma de cómo debía ser la tecnología. Jobs quiso hacer fortuna y gloria, lo consiguió, reaccionando así contra lo ya establecido, proponiendo cambios en el Status Quo imperante e invitando con ello a pensar diferente. Sus planteamientos, en aquel entonces, eran prácticamente un pecado, un mordisco en la manzana prohibida.

Por eso una marca como Apple es redonda, porque más allá del grafismo, de las pruebas de color o de tamaño, su logotipo posee una fuerte simbología entroncada con su propia filosofía empresarial.

Steve Jobs y Picasso

La primera vez que vi físicamente un iPhone fue en 2008. Un compañero de trabajo lo consiguió en Estados Unidos por medio de una amistad, cuando sacar el terminal de aquel país no era nada sencillo.
Al observarlo en funcionamiento me impactó de tal manera que casi podía imaginar a quienes vieron por primera vez un procesador de texto, habiendo trabajado toda su vida con una máquina de escribir. Movimientos suaves de pantalla, la activación táctil, la navegación interactiva. En definitiva “otra historia”.

Miré mi viejo Nokia, no recuerdo ni el modelo, y a partir de ese día todos los terminales del mercado me parecían viejos, como las clásicas máquinas de escribir en un mundo de ordenadores. No había visto nada semejante hasta ese momento y lo más importante, en el fondo todos intuíamos aquel lanzamiento como el principio de una forma diferente a la hora de entender las comunicaciones.

Steve Jobs pronunció en ocasiones una cita de Picasso “Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban”, la cual creo resume perfectamente la forma en que Jobs concebía la tecnología: como un arte.
El californiano tuvo la osadía de romper las inmóviles e industriales formas de los ordenadores en los 70 u 80, dándoles apariencias cada vez más atractivas, y al mismo tiempo comprendió cómo el mundo que le rodeaba interacciona constantemente, mezclándose y buscando nuevas ramificaciones que absorber. La compañía Xerox no fue capaz de valorar el revolucionario potencial de la interfaz gráfica, desarrollada en sus propios laboratorios, Jobs en cambio sí lo hizo. Sencillamente lo robó, y lo robó como lo entendía Picasso, como una apropiación y asimilación de un concepto o idea hasta convertirlo en algo propio. Por ello la frase de Picasso no es una loa al plagio y tiene un matiz que debe ser leído entre líneas; no se trata de copiar, de fotocopiar, de producir en masa clones sino de extraer para modelar, formar y añadir funciones nuevas.

Algo parecido ocurrió con el iPhone. La tecnología táctil ya existía, incluso a escala comercial, pero fue Apple quien “robó” nuevamente algo ya existente para revolucionar el mercado de la telefonía, marcando una tendencia ahora sí copiada una y otra vez. Tal como profetizaba Picasso…

¡Hasta siempre Steve!